25
feb
2015
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El día en el que tu pareja te pide en matrimonio es sin duda uno de los más románticos y memorables de la vida. Todo el mundo recuerda no sin emoción cuáles fueron las palabras escogidas y cómo de pronto la vida dio un vuelco al saber que sí, que la persona que tenía enfrente quería pasar el resto de la existencia en su compañía.
 
Tras las primeras celebraciones, llegan las preguntas, ¿dónde es la boda? ¿qué viaje de novios habéis escogido? ¿qué fecha será? Y con estas cuestiones, otra inevitable; ¿cuántos invitados tenéis?
 
Esta es quizás uno de los puntos más complicados de definir, ya que ese listado de personas puede dispararse si no tenemos cuidado y eso conlleva también que sea necesario mayor presupuesto.
 
¿Cuáles son los factores que afectan al número de invitados de una boda?
 
– El primer factor, el presupuesto. Dependiendo del dinero que tengamos disponible podremos contar con un número de invitados u otro. Aunque hay quien cuenta con la aportación de cada comensal para pagar el convite, hay parejas que prefieren destinar ese dinero al viaje de novios. Según vuestra decisión, sabréis de qué dinero disponéis y cuántos invitados ‘caben’ en vuestro presupuesto.
 
– El segundo factor, el espacio de celebración. Quizás os ha gustado una masía en la que sin problemas caben 300 personas u os habéis encaprichado con un pequeño salón en el cien personas estarían más o menos cómodas.
 
– El tercer factor, el tipo de boda. Si habéis planeado, además del enlace, muchas actividades antes, durante y después del convite, un grupo abultado de invitados puede suponer un engorro para la organización. O al contrario, quizás preferís que haya mucha gente para que todo el mundo se anime y participe.
 
– El cuarto lugar, el lugar geográfico donde se celebra el enlace. Hay parejas que no hacen caso de la tradición que dice que hay que montar la boda en el lugar de origen de la novia y deciden trasladar su día especial al extranjero. Esto puede implicar que tan solo los más íntimos de la pareja se desplacen, por lo que el número de invitados será bajo.
 
¿Cómo elegir quién va a la boda y quién no?
 
Es una decisión muy complicada y sin duda, una de las que más quebraderos de cabeza trae, sobre todo si los novios son muy diplomáticos y no quieren quedar mal con nadie.
 
Un aviso, SIEMPRE hay alguien que se molesta porque quería ser invitado. Pero hay que pensar que es un día de la pareja  y para la pareja, no para homenajear a los amigos, así que si se ha decidido que cierta o ciertas personas no van, es importante no tomarlo como algo personal e intentar que ese posible enfado no afecte si es que esa persona no atiende a razones.
 
AMIGOS
 
Sin duda, estaremos deseosos de que nuestros amigos más cercanos estén en este día tan especial, ya que han seguido de cerca nuestra relación y se alegran por nosotros. Esos por supuesto que están invitados.
 
Pero, ¿y aquellos con los que no tengamos tanta relación? Imaginemos el día de nuestra boda, ¿cuando les miremos, sonreirán y querrán abrazarnos? ¿estarán felices de hacer el gasto de dinero que supone (atuendo, peluquería, regalo) porque desean mucho estar en nuestro enlace? ¿O les hemos oído quejarse alguna vez de ir a bodas por compromiso?
 
Si creemos que estarán muy ilusionados, a pesar de la cierta falta de contacto, invitémosles. Les podemos indicar que entenderemos si no pueden ir o si no les viene bien hacer ese gasto y que podemos cenar cualquier día para contarnos qué tal va todo. O podemos optar por no invitarles y explicarles que a la boda solo va la gente más cercana. Con sinceridad.
 
FAMILIA
 
Nuestra familia son quizás el grupo más especial de toda la ceremonia, ya que nos han visto nacer, crecer y convertirnos en adultos. El grupo más directo debe ser invitado (¡a no ser que no tengamos relación!) y quizás el ‘corte’ debe establecerse en el segundo grado de consanguinidad. Esto es, más allá de primos segundos, nada. E incluso si no tenemos mucha relación, solo padres, abuelos, tíos y primos. Sin más.
 
AMIGOS DEL TRABAJO
 
Con los compañeros del día a día suele haber ciertas dudas. Hay que reflexionar sobre;
 
Relación personal, ¿compartimos el ocio con ellos? ¿hablamos de más cosas que del trabajo?
 
Cantidad, ¿solo trato a gente de mi departamento o a más personas?
 
Costumbre, si ha habido otros enlaces, ¿los compañeros han estado invitados? ¿acuden también sus parejas?
 
Cada persona debe evaluar lo que le aportan sus compañeros de trabajo y decidir si para ellos sería una alegría estar en su enlace matrimonial. En todo caso, se puede optar por invitar solo al departamento al que uno pertenece a a las dos o tres personas con las que más trata.
 
El jefe suele ser otra discusión. Dependiendo de la relación que tengamos con él, si damos el tarjetón a nuestros compañeros también debería haber uno para él.
 
Pero ante todo, debe prevalecer el deseo de los novios. Si no tenemos buena relación o quizás estamos hartos de ese trabajo, es posible que sea mejor dejar a todo el trabajo a un lado y disfrutar del día solo con la gente que más nos quiere.
 
COMPROMISOS
 
Muchas veces los padres de los contrayentes se ven obligados a invitar a ciertas personas. Intentemos que este número esté lo más controlado posible y que esos compromisos no lleven a sus hijos (¡o nietos!).
 
Así, tras analiza estos cuatro grupos, estableceremos un número razonable de invitados según el dinero disponible, el lugar de celebración y el tipo de boda que soñamos.
 
Lo importante es que todo aquel que esté allí os quiera, se alegre por nosotros de forma sincera y quiera formar parte de ese día con todo su corazón.

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