16
jun
2015
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Hace poco hablamos sobre cómo celebrar bodas íntimas que incluso les dan de comer y cuáles eran las claves para que fueran perfectas. Os explicamos cómo elegir un sitio que se adapte a las circunstancias, así como la importancia de la decoración para crear ambientes y la distribución de las mesas.
 
En esta segunda parte profundizaremos un poco más en la celebración de este tipo de enlaces, que están muy de moda y son la solución perfecta para quien no le gustan las ceremonias grandilocuentes.
 
Cuando una boda tiene aproximadamente cincuenta invitados, incluso menos, puede jugar a que todos participen en la ceremonia y en el banquete de forma activa. Haciendo brindis, leyendo algo para los novios, recordando anécdotas o participando en juegos.
 


 
Así, quienes asistan a la ceremonia no solo se sentirán importantes por estar allí entre tan escogido número de invitados, sino que además se sentirán integrados en todo el proceso y lo recordarán de forma más clara.
 
Otra de las claves de una boda íntima es poder celebrarla en un sitio diferente y especial. En el anterior post hablamos de ir a un bosque, una playa o un jardín con encanto. Pero esta vez os retamos a algo distinto.
 
Si para la boda sois una veintena de personas, ¿por qué no desplazarse más kilómetros? Quizás la pareja de novios sea de Valencia pero viva enamorada de Segovia. O puede ser que dos madrileños empedernidos quieran llevarse a la familia a la Albufera para casarse allí, ¡en Nou Racó os esperamos encantados!
 
Organizar a distancia una ceremonia puede ser un reto, pero sería más que imposible para doscientos invitados. Además, convencer a tantísima gente de que se vengan de viaje es complicado, pero una veintena, sobre todo porque son muy conocidos, es posible que acepten encantados.
 

 
Agasajar a los invitados con una ceremonia hermosa, un banquete suculento y una fiesta agradable es lo más típico. Pero en una boda íntima, podemos añadir a estas tres variables una cuarta, ¿qué os parecería personalizar los regalos a los invitados?
 
Se suele dar un detalle a hombres y mujeres, para todos igual. ¿Y si escribimos a cada invitado una carta, personal e intransferible? Sí, cuesta mucho tiempo escribir cuarenta cartas. Pero será un obsequio inolvidable, muy sentimental, barato y perfecto que agradecerán de por vida.
 
Por último, podemos hacer una fiesta en la que todos se sientan cómodos. ¿Cómo? Muy sencillo. Unas semanas antes de la boda, podemos pedir a cada invitado que nos diga cinco o seis canciones de fiesta divertidas que quiera oír. Como son pocos invitados, podremos hacerlo rápido.
 
Después le pasaremos al DJ o a quien esté encargado de la música el listado, lo uniremos al que nosotros como novios hayamos escogido y tendremos una súper sesión de música que todo el mundo disfrutará y en la que se sentirán protagonistas en muchas ocasiones.
 

 
Como veis, es relativamente fácil crear una boda íntima perfecta, plagada de detalles, pero tan especial como una gran celebración. Lo principal puede resumirse en dos palabras; intimidad e implicación mutua. Lo demás irá rodado.

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